Con la luna de testigo, el mar hiendo y viniendo, vestido de ola nos amamos en la arena, más de una hora.
La noche fue testigo, de tanto que nos quisimos, aquella noche de verano, cuando nuestras pieles se desnudaron y las manos y los labios, jugaron a besarnos.



jueves, octubre 04, 2012
Iratxe Blanco

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